Donadoni: “Transmitir lo que aprendí”

Donadoni: "Transmitir lo que aprendí"

Antes de triunfar en los banquillos, Roberto Donadoni jugó en el mediocampo del AC Milan de los grandes tiempos. Después de una carrera de futbolista profesional que se prolongó durante 18 años, en 2001 se convirtió en entrenador, y estuvo dos temporadas al frente de la Nazionale italiana. Lejos de querer dar consejos más propios de alguien ya retirado —sólo tiene aún 50 años—, Donadoni confiesa a FIFA.com la pasión que siente, y lo mucho que se divierte transmitiendo a los jugadores jóvenes la gran experiencia que ha acumulado.

Y no son pocos los muchachos que están a sus órdenes en el Parma, que dirige desde enero de 2012. El club de Emilia-Romaña no tiene mucho que ver con la máquina de ganar en la que el finalista de la Copa Mundial de la FIFA 1994™ jugaba en los años noventa, pero le ha devuelto el lustre gracias a una campaña excepcional. Aunque Donadoni no se deje llevar por el entusiasmo, difícilmente podrá negar su mérito si consigue devolver a los Gialloblù al panorama europeo…

Hablemos primero del Roberto Donadoni jugador. “Donadoni es el mejor futbolista italiano de los años 90”, dijo una vez Michel Platini. ¿Exageraba?
Me gusta mucho oír eso, por supuesto, pero para mí todo fue simple: siempre fui un jugador de equipo, quise ponerme al servicio de mis compañeros jugando al máximo de mis posibilidades.

Usted nació en Lombardía y la mayor parte de su carrera transcurrió en el AC Milan. ¿Este club representa una parte importante de lo que es usted hoy en día?
Sin duda. Desde muy niño, siempre recuerdo haber sido hincha de los Rossoneri. E incluso más tarde, cuando ya jugaba en el Atalanta de Bérgamo, ¡siempre animaba al AC Milan! Los años que pasé con Arrigo Sacchi y Fabio Capello fueron fundamentales en mi carrera de futbolista. Los dos me enseñaron muchísimas cosas. Y ahora me esfuerzo por desempeñar esa misma función, transmitiéndoles los mismos mensajes a los jugadores que entreno.

Con el AC Milan, lo ganó prácticamente todo. ¿Cuál es su mejor recuerdo de aquella época tan prolífica?
La primera Copa de Europa de Clubes Campeones, en 1989, es el recuerdo que me viene a la cabeza de inmediato. Fue mi primer gran título, la primera gran aventura de mi carrera. Pero, más allá de los trofeos conseguidos, quedan ante todo los recuerdos y la complicidad con mis compañeros de aquel periodo. El Milan dominaba entonces el fútbol italiano, así que era normal ver a sus mejores jugadores con la camiseta de la selección. La compenetración ya existía. Pasaba un poco como ocurre hoy con los jugadores del Barcelona en la selección española.

Colgó las botas al final de la temporada 1999/2000, y en 2001 debutó como entrenador con el Lecce. ¿Qué le llevó a dar ese paso, y a hacerlo tan rápido?
¡Me convenció mi esposa! Cuando decidí dejar de jugar, lo que más me apetecía era tomarme un poco de tiempo libre, desconectar por completo. Pero, después de un tiempo, mi mujer me preguntó: “¿Por qué no pruebas a sacarte el diploma de entrenador?”. Seguí su consejo, y la oportunidad surgió cuando estaba a punto de acabar los estudios y conseguir el diploma. La directiva del Lecce me ofreció entrenar al club. Acepté de inmediato, aunque el Lecce estuviese entonces en la Serie C. Me dije que era la mejor forma de ver si éste podía ser mi nuevo oficio. Y me gustó enseguida. Regresé al mundo del fútbol divirtiéndome, y descubrí ante todo el placer de trabajar con jóvenes ansiosos por aprender algo de mí.

¿Cómo explica que la mayoría de sus compañeros de aquella época se hayan convertido en entrenadores de éxito?
Es cierto que conocer los entresijos de este deporte y haber vivido una carrera internacional facilita las cosas. Pienso que todos mis excompañeros tienen algo más que el entrenador medio: cuentan con experiencia, infunden automáticamente respeto y su mensaje se transmite más rápido. En mi opinión, ésa es la clave de su éxito.

Paolo Maldini no ha emprendido este camino…
Paolo todavía no se ha decidido, aunque yo sé que tiene ganas de volver a los vestuarios, de reencontrarse con este ambiente. No sé si quiere ser entrenador, pero estoy seguro de que le aportaría mucho al fútbol.

En julio de 2006, tras la marcha de Marcello Lippi, usted fue elegido para hacerse cargo de la Nazionale, campeona del mundo en aquel momento. ¿Se consideraba preparado para afrontar ese reto o llegó demasiado pronto?
Sí es cierto que llegó rápido. Pero no me convertí en seleccionador de buenas a primeras. Ya había trabajado en varios clubes. Fue un gran privilegio, de verdad, el inicio de una gran aventura que ha tenido un gran peso en mi carrera. Nos clasificamos para la Eurocopa 2008 y fuimos eliminados por España en los penales en cuartos de final. Para mí fue un paréntesis importante y positivo. Cuando dejé la Nazionale, todavía era segunda en la clasificación de la FIFA. Eso quiere decir que se trabajó bien…

¿Qué relación tenía usted con los campeones del mundo?
Cuando llegué, en el equipo aún había jugadores de mi época. Creo que eso me facilitó las cosas, para forjar el grupo y establecer enseguida relaciones privilegiadas con los jugadores. De todas formas, conservo un recuerdo emocionado del periodo en el que dirigí a la selección de mi país. Estoy muy orgulloso de haber tenido esa oportunidad.

Usted recuperó a jugadores experimentados como Massimo Ambrosini, Antonio Di Natale y Christian Panucci, aunque también dio la alternativa a Giorgio Chiellini, Alberto Aquilani o Fabio Quagliarella. ¿Cómo hace para detectar a las jóvenes promesas?
Creo que haber sido un jugador de alto nivel ofrece una cierta calidad en las relaciones humanas, que nos permite extraer algo más. Todo el mundo es capaz de hacer correr a los jugadores y enseñarles lo básico. La experiencia también influye bastante, tanto en el aspecto humano como en el psicológico. Pero lo que marca diferencias es permitir a un joven futbolista desarrollar su personalidad.

¿Qué opina de la evolución del fútbol en Italia, donde varios clubes y la selección practican un juego más ofensivo?
Esta evolución me gusta mucho. Conozco bien a Cesare Prandelli, jugué con él en el Atalanta. Es una persona de gran experiencia y que tiene una idea del fútbol que yo comparto, y con la que consigue buenos resultados. Es evidente que lograr implantar una mentalidad positiva no es tarea fácil. Requerirá algo de tiempo. Pero, aunque todavía no haya sido asimilado por todos los clubes, estoy convencido de que llegará.

¿Supone también un éxito para usted que dos jugadores del Parma, Marco Parolo y Gabriel Paletta, hayan sido convocados por Cesare Prandelli?
Es un motivo de satisfacción para todos en el club, y principalmente para ellos. Como he dicho, yo intento transmitir a estos jóvenes todo lo que aprendí en mi vida de futbolista, y ver que algunos son convocados por la selección me da todavía más energía, más fuerza.

¿El Parma está a punto de recuperar su nivel de los años 90?
No. No creo que el Parma pueda volver ahora mismo a la dimensión de su gran época. Aunque el club haya invertido mucho, es evidente que hace falta invertir más en jugadores importantes, que son cada vez más caros…

¿Ve a Italia en la final de la Copa Mundial de la FIFA Brasil 2014™?
Puede ocurrir. Es cierto que no será fácil, pero creo que es posible. En cuanto al potencial humano y el bagaje técnico, Italia es, sin duda alguna, un equipo que puede llegar hasta el final. También va a depender del estado de forma de los jugadores después de una larga temporada.

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